Toponimia ibérica

En el libro Los vínculos europeos del substrato íbero (2009) se dedicó un capítulo entero a la temática de los topónimos prerromanos, intentando reunir todos aquellos topónimos antiguos y modernos que eran/son presuntamente de origen ibérico; pero se trata de un tema que por el valor que tiene (no sólo para una catalogación per se sino por las diversas conclusiones étnicas y lingüísticas que se intuían), merecía la dedicación de todo un libro con más entradas y datos que los que aparecían en el capítulo, y para ello fue necesario embarcarse en la tarea de recopilar el máximo número posible de datos; la gran mayoría de estos datos son extracciones de la fundamental obra de Joan Coromines, Onomasticon Cataloniae, todavía no traducida al castellano para el público castellanoparlante interesado en esta ciencia; los datos que Coromines ofreció hacen referencia fundamentalmente a los topónimos modernos, perdiéndose mucha información aportada en los topónimos prerromanos en desuso, pero tenemos la inmensa suerte de que muchos de estos topónimos han sido registrados en obras clásicas, monedas, miliarios, etc. Lógicamente es necesario consultar los documentos originales y cotejarlos con las catalogaciones hechas, para luego pasar a la fase de análisis (identificación de a qué lengua pertenecen y posible interpretación); esta última fase ya tiene un cierto recorrido con los artículos de Leonard A. Curchin y de Santiago Pérez Orozco, así como con el libro de Juan Luis García Alonso La Peninsula Iberica en la Geografia de Claudio Ptolomeo (2003) y la más reciente obra de Luis Silgo Gauche, Estudios de toponimia iberica. La toponimia de las fuentes clasicas, monedas e inscripciones (2013), libro en el que tal como se puede apreciar en el título no se han catalogado los topónimos ibéricos “modernos”, es decir, los topónimos prerromanos que no fueron documentados en época clásica (casi dos tercios). Ciertamente Francisco Villar ha publicado diversas obras en la que se trata el tema de los topónimos hispánicos desde una óptica “meridional-ibero-pirenaica”, y si bien se ofrece igualmente al lector conocer la interpretación que ha hecho este autor de los topónimos tratados, no ha sido posible aceptar y aprovechar su trabajo por presentar una base metodológica que no sería la más adecuada, fundamentalmente por el hecho de hacerse un sutil uso del mass comparison, pues además de segmentar al mínimo los topónimos, se comparan los segmentos toponímicos con todos los antiguos topónimos europeos (indoeuropeos), obteniendo así fácilmente resultados positivos, sobretodo cuando no se utilizan controles que eviten falsos positivos, lo que favorece comparaciones erróneas como entre el río Indo y la ciudad ibérica de Indike: el nombre autóctono del río es Sindhu (ya aparece así en el Rigveda) y el nombre de la ciudad en escritura ibérica es undike. Se ofrecen más explicaciones sobre esta problemática en este extracto del libro (igualmente también se puede leer la metodología usada para incluir o descartar topónimos en el libro): extracto de Toponimia ibérica (2015).

Para ofrecer ejemplos de topónimos catalogados y/o analizados se incluyen cuatro entradas:

Besora, Sta. Maria de (OSO); doc, Bisaura 885, Besaura 1108; según Coromines es relacionable con el vasco basa-uri-a ‘La Villa del Peñasco’, aduciendo que esta población y otra homónima están situadas sobre una colina oval rodeada por peñascos (añade como parónimo el Bisaürri ribagorzano, de origen prerromano también). Pérez Orozco (2007:100) acepta la relación hecha por Caro Baroja entre los teónimos aquitanos Baeserte y Beisirisse con el vasco baso ‘bosque’, la relación de estos teónimos con el EAI baise(r), y la interpretación hecha por Coromines sobre que Besora conserva un cognado ibérico del vasco baso; Pérez Orozco ve factible también interpretar con la misma base los topónimos Baesuri y Baesippo. ▪ También se ofrece Besora a ser comparada con los EAI beś-auŕ. La etimología propuesta por Coromines es poco segura ya que la protoforma vasca de uri fue *ili (además en protovasco no existió el artículo –a). Cabe destacar que existe muy cerca de Santa Maria de Besora una población llamada Sora.

Ivorra (ANO); con el mismo origen que la aragonesa Ibort, es decir, contiene el iberovasco ib– ‘vado’ + ur ‘agua’ (o urr ‘lejos’, o urra ‘avellana’). ▪ Cerca de la población se hallan las ruinas de un poblado ibérico. Es problemática la interpretación iberovasca porque la vibrante de ur es simple en derivados; además la v / b latina intervocálica se perdió en catalán cuando seguía o / u (pavore > paor > por ‘miedo’; pavone > paó ‘pavo’; saburra > *saurra > sorra ‘arena’; tabula > taula ‘mesa’); por lo que en Ivorra o bien debe haber una consonante labial antihiática (como en avui ‘hoy’ o bova ‘espadaña’), o bien la uve procede de una antigua *p (inexistente en lengua ibérica). En el supuesto de ser el primer caso, la protoforma **Igorra sería un parónimo de la Igorre / Yurre vizcaína (es necesario reconstruir **Igorra ya que una protoforma *Iorra hubiera evolucionado hasta **Jorra); en el caso de haber sido la protoforma *Idorra, entonces se podría comparar con el vasco idor ‘árido, seco’.

Lassira; ciudad edetana según Ptolomeo, quien confundió edetanos y sedetanos; se ha querido situar en un poblado ibérico cerca de Forcall por haberse hallado en esa población una inscripción que hace referencia a una res publica Leserensis (CIL II, 4052); otros prefieren situarla en la actual Lécera aragonesa, también en antiguo territorio sedetano. Para la etimología tal vez pueda servir la que se le propone al río Lesyro (Esteban de Bizancio), curso fluvial de localización desconocida: Schulten comparó este hidrónimo con el antropónimo Lesuridantaris (CIL II 2900 – Munilla, La Rioja); Hubschmid halló dos posibles alternativas de comparación: una céltica tras comparar el topónimo con los ríos Lesa (Ariège) y Lieser (el antiguo Lesura citado por Ausonio, afluente del Mosela), y otra ibérica tras suponer que existe una relación con el vasco leze, leize ‘sima, cueva’; Tovar sin embargo destacó la similitud existente entre Lesyro y el ibérico lasiŕa (inscripción ibérica F.20.1); Curchin (2009) prefiere la interpretación de Villar (2002:68), quien relaciona este topónimo con el hidrónimo alemán antes mencionado y lo interpreta mediante la raíz IE *lei– ‘fluir’ o *leis– ‘pequeño’ + *uro– ‘agua’; García Alonso (2003:274) acepta la similitud con el NP saguntino Lessoni (CIL II 3852) y con el hidrónimo belga Lessia (nombres que Albertos pone en relación por con el irlandés antiguo less ‘castillo, morada’ y el galés llys, palabras procedentes del IE *pltto-, derivada a su vez de *plat– ‘ancho y llano’). Silgo (2013:206-207) segmenta el topónimo en Lesi-ra, siendo el primer elemento comparable con el vasco leize, leze ‘sima, abismo; cueva’ (palabra que además se adaptaría bien a las características orográficas del yacimiento de La Moleta dels Frares), mientras que el sufijo –ra se hallaría también en Sigarra ‘Manzanal’ (sería un sufijo abundancial). ▪ Cabe añadir otro topónimo homónimo, la ciudad gala de Lesura, situada cerca del actual Mont Lozère (Plinio XI, 97). En cuanto a la posibilidad de hacer una interpretación iberovasca, la variante Lassira sería apta para compararla con el vasco lizar ‘fresno’, mediando entonces una metátesis vocálica (sucedería lo mismo con el ibérico saliŕ ‘plata’ o ‘moneda’ y el vasco zilar ‘plata’). En cuanto a *Lesera, se puede pensar en una asimilación vocálica tras la transformación en e de la i longa latina.

Tyrichas; ciudad que cita Avieno entre el Turia y el Ebro, pero de la que se desconoce su emplazamiento. Villar (2002:68) supone que el topónimo contiene la raíz PIE *tur– ‘tragar’, siendo esto aceptado por Curchin (2011). ▪ Es difícil decidir si la raíz *tur– es en este caso indoeuropea o ibérica, tal como pasa con el cercano hidrónimo Turia (así como posiblemente con la Torís valenciana); de todas maneras el topónimo parece contener un sufijo –ika celta (Albonica, Asturica, Segontia Paramica, Losodica, Robrica, Aesica, Segestica…); no es imposible por lo tanto que la ciudad deba su nombre al río Túria, como Tyrin.

Estos son a grandes rasgos las características del libro Toponimia ibérica, a disposición de quien tenga un mayor interés en esta temática en librerías especializadas (adquirible también online).

Portada

En la parte final del libro se ha incluido un anexo de 70 páginas titulado “El origen de los signarios paleohispánicos”, donde se desarrolla más extensamente la propuesta hecha el 2009 de mostrar cómo un alfabeto griego arcaico estaría tras el origen del protosignario del que descendieron las escrituras paleohispánicas reconocidas.

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